
jueves, 11 de junio de 2009
lunes, 1 de junio de 2009
La idea de democracia aún se limita al voto
Entrevista del día a Saúl Sosnowski, doctor en literatura y analista internacional
Realizada por Santiago Estrella G., corresponsal en Buenos Aires del diario El Comercio.
Tomado del diario El Comercio, Lunes 11 de mayo del 2009
¿En ese sentido se orienta la “construcción de la ciudadanía” que se habla ahora?
Si hablamos de ciudadanía, estamos hablando de una ciudadanía que trasciende de los límites de una sola nación. Puedo viajar con un pasaporte de un país, mi responsabilidad debe estar con valores que pueda trascender cualquier frontera.
¿Una ciudadanía globalizada?
Una de las paradojas de la globalización es que también se están incrementando los elementos de las identidades diferenciadas, que en algunos casos pueden ser positivas y en otros, excluyentes. Y todo proceso democrático debe ser inclusivo.
¿Qué cosas no deberían ser negociadas en una democracia?
El derecho al disenso, a la negociación, al debate, a las elecciones periódicas, que los gobiernos sean revocables, fluidez en la comunicación, que pueda ser confiable. Son elementos que se pide en cualquier tipo de sociedad y asociación.
Pero parecería que no hay margen para el disenso en nuestras democracias…
Porque no son tan democráticas como creemos. Solo cumplen con la formalidad democrática. En el momento en que se empieza a excluir en lugar de incluir, se está falseando todo lo que puede ser un ideario democrático. No quiere decir que uno tiene que aceptar la opinión de todos los demás, pero esa persona tiene el derecho a ser escuchada.
Es interesante que Uruguay sea el país del que menos se habla y, sin embargo, su sociedad es la que siente más estabilidad y confianza en su sistema, ¿Por qué?
Porque respeta su institucionalidad y sus tiempos. Si se hace un juego político y un abuso del sistema electoral y del plebiscito para mantenerle en el poder, se está falseando lo que se dice que se está practicando. Eso no es democracia.
Mencionó institucionalidad, pero parece que reducimos gobierno al ejecutivo…
Así es, y nos olvidamos de los otros poderes: el Legislativo y Judicial. Hay un dato interesante: la mayoría de los latinoamericanos, si bien descree de sus congresos, está convencido de que son necesarios para la democracia. Pero si desde el ejecutivo se comienza a controlar con maniobras al Congreso y dar nombramientos a las cortes, no estamos ayudando a la democracia.
Se habla de democracia participativa, ¿la estamos cumpliendo?
Hay un dato: el 59% de los latinoamericanos cree que la democracia es el voto, pero el 16% cree en la participación. Además sabe que son necesarios los partidos políticos en una democracia, pero la mayoría demanda que sean renovados.
América Latina está viviendo “el giro a la izquierda”. En Ecuador, se ratificó a Correa, que aunque ganó en una vuelta, el 51% ya no es el 70% de popularidad que tenía. Pero hay países que cambiaron como Panamá que giró hacia la derecha y es probable que en Argentina el Kirchnerismo pierda espacio…
Así es, pero en otros países puede seguir, como en Uruguay que es probable que gane José Mujica (ex guerrillero tupamaru), como en Brasil, hasta puede ser que en Chile. La clave es que se respetaron la institucionalidad. Otros han logrado reducirla a polvo, al tratar de disminuir el impacto que tienen esas instituciones en lugar de fortalecerlas.
¿El cambio que quiere la gente no es también un cambio de esa institucionalidad?
La pregunta sería que otro tipo de institucionalidad desea. Si miramos qué pide la gente a un Estado, es educación, salud, trabajo, universidades, electricidad, agua, etc. Y la seguridad no está. Es un dato curioso. Lo que nos pasa es que no tenemos paciencia con la democracia. En Argentina, por ejemplo, a los pocos meses de retomada la democracia, hubo voces que decían que con la dictadura estaban mejor. En la era post Pinochet, los chilenos querían seguridad por sobretodo. Datos preocupantes revelaron que algunos se sienten mejor con el no pensar, decidir ni hacer y eso no ayuda a la construcción de una democracia participativa.
Realizada por Santiago Estrella G., corresponsal en Buenos Aires del diario El Comercio.
Tomado del diario El Comercio, Lunes 11 de mayo del 2009
¿ Por qué está aquí?
Su trayectoria. Nació en Buenos Aires. Fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Meryland.
Su punto de vista. Los valores como tolerancia, respeto al otro, inclusión, son fundamentales para la democracia, pero también el respeto a la institucionalidad.
Su trayectoria. Nació en Buenos Aires. Fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Meryland.
Su punto de vista. Los valores como tolerancia, respeto al otro, inclusión, son fundamentales para la democracia, pero también el respeto a la institucionalidad.
¿Qué debemos entender por valores de la democracia?
Debemos entender que hay ciertos elementos que hacen la vida del individuo y a la vida institucional por igual. Si hablamos de ética, tiene que ver con el respeto al prójimo, al disenso. Son elementos que tienen que ver con la actitud de todo ser humano que deberían ser fundacionales de lo que constituye un ser humano y que son valores esenciales de todo proceso político y de toda democracia.
Debemos entender que hay ciertos elementos que hacen la vida del individuo y a la vida institucional por igual. Si hablamos de ética, tiene que ver con el respeto al prójimo, al disenso. Son elementos que tienen que ver con la actitud de todo ser humano que deberían ser fundacionales de lo que constituye un ser humano y que son valores esenciales de todo proceso político y de toda democracia.
¿En ese sentido se orienta la “construcción de la ciudadanía” que se habla ahora?
Si hablamos de ciudadanía, estamos hablando de una ciudadanía que trasciende de los límites de una sola nación. Puedo viajar con un pasaporte de un país, mi responsabilidad debe estar con valores que pueda trascender cualquier frontera.
¿Una ciudadanía globalizada?
Una de las paradojas de la globalización es que también se están incrementando los elementos de las identidades diferenciadas, que en algunos casos pueden ser positivas y en otros, excluyentes. Y todo proceso democrático debe ser inclusivo.
¿Qué cosas no deberían ser negociadas en una democracia?
El derecho al disenso, a la negociación, al debate, a las elecciones periódicas, que los gobiernos sean revocables, fluidez en la comunicación, que pueda ser confiable. Son elementos que se pide en cualquier tipo de sociedad y asociación.
Pero parecería que no hay margen para el disenso en nuestras democracias…
Porque no son tan democráticas como creemos. Solo cumplen con la formalidad democrática. En el momento en que se empieza a excluir en lugar de incluir, se está falseando todo lo que puede ser un ideario democrático. No quiere decir que uno tiene que aceptar la opinión de todos los demás, pero esa persona tiene el derecho a ser escuchada.
Es interesante que Uruguay sea el país del que menos se habla y, sin embargo, su sociedad es la que siente más estabilidad y confianza en su sistema, ¿Por qué?
Porque respeta su institucionalidad y sus tiempos. Si se hace un juego político y un abuso del sistema electoral y del plebiscito para mantenerle en el poder, se está falseando lo que se dice que se está practicando. Eso no es democracia.
Mencionó institucionalidad, pero parece que reducimos gobierno al ejecutivo…
Así es, y nos olvidamos de los otros poderes: el Legislativo y Judicial. Hay un dato interesante: la mayoría de los latinoamericanos, si bien descree de sus congresos, está convencido de que son necesarios para la democracia. Pero si desde el ejecutivo se comienza a controlar con maniobras al Congreso y dar nombramientos a las cortes, no estamos ayudando a la democracia.
Se habla de democracia participativa, ¿la estamos cumpliendo?
Hay un dato: el 59% de los latinoamericanos cree que la democracia es el voto, pero el 16% cree en la participación. Además sabe que son necesarios los partidos políticos en una democracia, pero la mayoría demanda que sean renovados.
América Latina está viviendo “el giro a la izquierda”. En Ecuador, se ratificó a Correa, que aunque ganó en una vuelta, el 51% ya no es el 70% de popularidad que tenía. Pero hay países que cambiaron como Panamá que giró hacia la derecha y es probable que en Argentina el Kirchnerismo pierda espacio…
Así es, pero en otros países puede seguir, como en Uruguay que es probable que gane José Mujica (ex guerrillero tupamaru), como en Brasil, hasta puede ser que en Chile. La clave es que se respetaron la institucionalidad. Otros han logrado reducirla a polvo, al tratar de disminuir el impacto que tienen esas instituciones en lugar de fortalecerlas.
¿El cambio que quiere la gente no es también un cambio de esa institucionalidad?
La pregunta sería que otro tipo de institucionalidad desea. Si miramos qué pide la gente a un Estado, es educación, salud, trabajo, universidades, electricidad, agua, etc. Y la seguridad no está. Es un dato curioso. Lo que nos pasa es que no tenemos paciencia con la democracia. En Argentina, por ejemplo, a los pocos meses de retomada la democracia, hubo voces que decían que con la dictadura estaban mejor. En la era post Pinochet, los chilenos querían seguridad por sobretodo. Datos preocupantes revelaron que algunos se sienten mejor con el no pensar, decidir ni hacer y eso no ayuda a la construcción de una democracia participativa.
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